La compañía Tercer Teatro, de Veracruz, presentó la tragicomedia—así
la recibo yo, como una tragicomedia, dado el carácter del mexicano, que muchas veces esconde sus tragedias detrás de una sonrisa—Huapango de Tomás Urtusástegui. Su director, Omar Martínez González, conjuntó al siguiente reparto: Fernando Rosas Rojas, como Huapango 30, Edith Martínez González, como la Novia, Daniel Herrera Martínez, Huapango 40, José Luis González Morales, Huapango 50, Ileana Ramos Castillo, la Mujer Amante, Sergio Ruiz González, como Huapango 55, Alejandra García Alarcón, Madre-Hija, Gabriela García Contreras, Bailarina-Prostituta y el propio director como Huapango 20.
Habilitada como una enramada, aunque sin ramas, la escena se iluminó y resonaron las jaranas mientras la guitarra de son, jabalina o requinto jarocho como quiera llamarse, pespunteaba su magia ante los ojos y oídos azorados del público del Teatro Julio Castillo.
El Festival de Los Amantes del Teatro había comenzado y las bailadoras y bailadores hacían retumbar las tarimas, al tiempo que, en otra, de mayor tamaño, un hombre moribundo, quizás muerto, representaba a un personaje llamado Huapango, que se multiplicaría dentro de la trama en Huapangos de distintas edades. Como el programa de mano rezaba, el pueblo mexicano comunica su tristeza o su alegría, no sólo con palabras, sino con mímica, baile. Agregaría yo que, antes que todo, lo hace con la emotividad que fluye en torrentes dentro de su ser.
Este grupo, cuyos integrantes provienen de Coatzacoalcos, tienen su sede en la escuela Dragón de Jade de Cuernavaca, Morelos, que alberga por ahora los sueños de estos jarochos apasionados por promover su tradición, tal como dentro de la obra, el personaje central lucha por lograrlo.
La trama de la obra se va desarrollando con un realismo real, no exento de magia, pero de la magia propia de la realidad misma. En ella, Huapango es un hombre, pero también un símbolo de quien defiende el arte y los valores y productos propios de su región ante los embates del comercialismo.
Enhorabuena por este inicio del vigésimo festival anual de Los Amantes del Teatro
El viernes 11 de enero, La Compañía Topushi Teatro presentó La que hubiera amado de Alejandro Licona, con las actuaciones de Manis Sonash, como la mujer enlatada o Andrea, Miguel Arteaga como Lotario y Noé Nolasco, como Odilón.
Adaptación de esta obra, de la que hemos visto algunas otras versiones, como la del grupo Serendipity. El director, Noé Nolasco, hace una adaptación bastante cómica, con situaciones, a veces nuevas, que funcionan unas más que otras. La única adición que no me pareció tan efectiva fue la del “Niño de la Ibero”, el amigo que llega a ver al protagonista, provisto de una entonación que ya no causa mucha hilaridad por lo trillada, criticándole su depresión y llamándolo “loser”, que pronuncia lúser y quien pide al público que deletree tal palabra inglesa, diciendo: denme una l, denme una o, denme una s, etc. hasta que se forma la palabra. Al final se dirige al público diciendo: ¿Qué dice? a lo cual el público responde lúser. Ello me hizo pensar: ¿estamos en una clase de inglés de una academia patito de dicho idioma o en una obra teatral mexicana? Sin embargo, el resto de los gags adicionales a la obra que es buena de por sí, funcionan para hacer de esta puesta en escena, un éxito cómico, claro, con el mensaje subyacente que aparece en el programa: hacer resaltar que somos capaces de amar con todas nuestras fuerzas, superando prejuicios como los de la apariencia física de la persona amada.
Con un elenco de diecisiete actores, se presentó el diecisiete de enero,
La línea azul del metro de Sylvia Corona Piña, bajo la dirección de ella misma. En mi opinión muy personal, esta no es una obra de teatro, sino sólo barruntos de lo que puede considerarse un acercamiento a cierta problemática de este que es el mayor medio de transporte en la Ciudad de México, ya que transporta a doce millones de personas al día. Es lógico, entonces, que las situaciones que se presentaron son un tanto comunes y se
repiten a diario, como los vendedores de discos piratas; en cambio hay muchas otras personas, como la gente desquiciada, que podría haber sido objeto de análisis.
Hubo un intento por dar un cariz un poco más profundo, algo así como algo que pudiera haber sido un leit-motif de la presentación, cuando alguien monologó diciendo que los pasajeros no eran sino espermatozoides que, uno entre millones, podrían fecundar un óvulo. Estas consideraciones pseudos-surrealistas podrían haberse llevado al plano del mestizaje que dio origen a la población de esta ciudad y, de ahí, tal vez plantear los problemas sociales que originan el caos de la urbe, cuyos destellos emanan diariamente en el metropolitano.
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