Un torso,  mierda y el secreto del carnicero
Por Mariana Jano

Felicia: Hoy encontraron a mi madre: sólo algunos restos. La destazaron y arrojaron sus brazos y piernas al final de un muelle del Sena. Del torso nadie sabe dar razón
Marcel: Lo saqué de ahí rondando, sin notar que marcaba un camino de sangre coagulada. Entonces lo cargué sobre mi espalda. Descendí la calle que lleva a mi casa, inadvertido. Después por la ventana vi  pasar a un perro con la cabeza de la mujer en el hocico.
No, no son flores bebiendo agua. Se trata de las primeras líneas de Un torso, mierda y el secreto del carnicero, obra de Alejandro Ricaño quien la ubica en París, alrededor de l896.
Obsesiones de un asesino quien desea ser escritor: Marcel un ser profundamente enfermo que en aras de escribir arrastra al abismo a quien se le pone enfrente.
Es también un homenaje por parte de Alejandro a Alfred Jarry, el dramaturgo y poeta francés que murió hace poco más de 100 años, antecesor directo del Teatro del absurdo, quien especialmente con su Ubu Rey (estrenada justo en París en 1896) hace en un tono grotesco una parodia por la ambición, por conseguir el trono…¡Todo por el poder! ¡Todo por el aplauso! Así que en Marcel encontramos a un tipo cobarde, fracasado, ambicioso, sucio que se admira en niveles desproporcionados al dramaturgo Jarry.
Felicia es la hija de la prostituta muerta, ella vaga por las calles frías, sufriendo miradas de asco, permitiendo ser abusada en todos los sentidos; su delicada figura se pudre como el torso de su madre, es alguien menos que mendiga de la vida, alguien más que prostituta acabada.
¿Y el carnicero? Aparece en su justo momento, interpretado de forma brillante,  por Adrián Vázquez quien le da el justo carácter y fuerza y aunque luce como un ser obscuro, tiene un rasgo de bondad y además cuida el secreto…
En el pequeño espacio del Foro del quinto piso, ubicado atrás del Claustro de Sor Juana en el Centro de la Ciudad de México, las escenas se tornan íntimas. Son cinco actores, interpretando 14 personajes más Emile, un violista del que sólo se escucha su música como lejano lamento dedicado a su fallecida esposa.
Al compás  del violín usted se entera de repente que mientras el torso se sigue pudriendo alguien realiza un aborto… y en esas “estructuras con andamios” compuestas también por “aparatos que las ayudan a funcionar” cuelgan los cuerpos de los actores que  “reviven” en el momento menos esperado; una plástica del todo funcional y estética sintetizada en la escenografía y vestuario del artista Edgar Cano.
La mayoría de los asesinos son individuos de sangre fría, que con el dolor disfrutan observando la muerte y llegan al éxtasis, colgándose como una medalla el momento del golpe. Pero para Marcel, el golpe no es precisamente lo que quiere disfrutar.
Desafortunadamente la realidad casi supera la ficción, recuérdese sin ir más lejos últimamente a los asesinos como el que mataba y después escribía poesía o “El caníbal” que deseaba ser dramaturgo. Más que brotes sociales se trata de  “locura moral”, trastorno que se manifiesta por la falta de sentimientos éticos, algo mejor explicado por Pritcchard y Lombroso, quien establece un eslabón entre esas deficiencias morales y anomalías físicas… el tema se combina con el del fracaso, con el del aborto.
Alejandro Ricaño es también autor de Riñón de cerdo para el desconsuelo o Más pequeños que el buggenheim, apenas dos de varias obras que tiene y que están por estrenarse en su natal Xalapa. A sus 25 años ha sido varias veces becario y coordina talleres de dramaturgia, como ve, estaría bien seguirle la pista.
Un torso, mierda, y el secreto del carnicero, presentada en Monterrey, Querétaro y Puebla, merece estar en la próxima Muestra Nacional de Teatro de Chihuahua y más allá, ser contratada para ofrecer una temporada. Vino al DF a dar una única presentación para presentar el libro del mismo nombre; ya antes editado por La Gruta y ahora editado por Anónimo Drama Ediciones (anonimodrama@gmail.com) que edita desde 1996, principalmente poesía y teatro.
El montaje es del todo sofisticado, el director Bryant Caballero, delicadamente hace imaginar el rictus de la cabeza degollada y cuida que hasta el agua de un charco no ensucie la escena…Son golpes casi rituales los que se dan en torno a un depravado o dos o tres… son excitantes las palabras casi malditas del dramaturgo Alejandro Ricaño, es memorable la plástica de Edgar Cano, aunque todo se obscurezca al mostrar lo más profundo y lamentable del hombre.

Un torso,  mierda y el secreto del carnicero de Alejandro Ricaño; dirección Bryan Caballero, escenografía y vestuario de Edgar Cano; con Adrián Vázquez, Mariana Guerrero, Víctor Camas, Patricia Dorantes y Rodrigo Hernández; Iluminación Rubén Reyes. Editado por Anónimo Drama Ediciones.

 

Figuras atrás del teatro
Rafael Solana, escribir o morir de Mario Saavedra

En recuerdo de aquellos días…
Por Mariana Jano

La silueta de Mario Saavedra acompañado de Rafael Solana evoca un pasado memorable, figura estética en la mente y en las letras, hoy con generosidad se nos recuerda a partir del libro Rafael Solana: escribir o morir de Mario Saavedra, de la prestigiosa editorial Veracruzana. Todo un viaje que como sueño, aparece y se desvanece  subrayando  entrañables momentos.
“Ahora confesémonos la verdad.
¿Qué queda de aquella vida que no sabemos/ si fue vivida, soñada, o únicamente deseada?/ Mírame fijamente a los ojos. ¿Qué ves en ellos?/ El vacío de hoy y la muerte de mañana/ Los espejos falsarios”.
Líneas que invitan a desentrañar conocer más la escritura de don Rafael Solana, como le decía en vida. Bien dice Mario más adelante del escritor nacido en Veracruz, “insiste en la elegancia  y la pureza de su lenguaje, confiriéndole a la lengua castellana, en camino hacia su consolidación moderna, una musicalidad y una flexibilidad inusitadas…”

La importancia de la revista Taller poético se hizo notar, y aunque su duración fue breve, Mario nos comenta que don Rafael Solana Salcedo reunió colaboradores como Alfonso Reyes, Jaime Torres Bodet, Genaro Estrada y entre otros Octavio Paz.

Después de Ladera  vendrían sus sonetos
 “…pero todo es soñado y es fingido,/ mirad mejor: está la rosa muerta,/ la noche ha madurado y ha corrido/ negro telón en la ventana abierta, / y el sueño, vedlo bien, se ha convertido en una fría lucidez desierta”/ Ejercicio

“Sonetista elegante e inspirado”. Tiene razón Mario, y hay que decirlo, poeta deleitando poeta, porque no hay que olvidar que Mario Saavedra es un poeta. ( Parte de su poesía, sin ir más lejos está reunida en Atardecer en la destrucción) y sigue  “De vida y obra congruentes con la naturaleza de su persona, la vida poética de don Rafael Solana domina en alta mar con paciencia y serenidad”.

Bien dice el prologuista René Avilés Fabila del libro que hoy comentamos “Después de la lectura atenta del libro de Mario Saavedra, no me cabe la menor duda que es para nuestra cultura tan importante Debiera haber Obispas como La casa de la Santísima  o los cuentos que Solana veía a veces con cierto desdén, como divertimento o quizá como obras menores, algo inexacto: en un país de grandes cuentistas como Juan José Arreola y Juan Rulfo, como su compañero de generación José Revueltas, don Rafael brilla de modo singular con relatos donde campea la imaginación y la sátira, siempre hechos con rigor y excelente prosa además podemos agregar: con la cultura de un gran conocedor de arte. Y aquí algo al calce que viene en su cuento La Pastoral:

En Roma “esa ciudad inerte y fría, marmórea y muerta” un director de música “salió a recorrer la ciudad, a  impregnarse de ella, a italianizarse hasta los huesos… para en su concierto identificarse plenamente con su público. Subió al Pincio, desde la plaza de España, y se llenó los pulmones del aire saludable de la Villa Borghese, en la puerta del Popolo. Se inclinó a beber el agua de la fuente de Trevi, compró helados en la vía Appia Nuova, tomó los tranvías, atravesó la plaza de San Pedro, oyó una misa corta en San Juan de Letrán, se divirtió oyendo reñir a dos verduleras en el mercado de la calle del Túnel, y finalmente se metió en una trattoria, a comer un buen plato de macarrones al jugo, un poco de pescado frito y un arrosto de vitello, todo rociado con buen vino negro. Codo con codo con los italianos de la clase popular, alternando con los cocheros y con los fondistas, Baer sentía que se italianizaba por momentos. Los macarrones se le metían en el cuerpo como el alma misma de Italia, y en el vino sentía beber la sangre y   
la esencia de todos los santos, los artistas, los guerreros y los ladrones italianos…

Roma, París, Nueva York, Alemania, Budapest, México, son algunos de los lugares donde suceden sus cuentos, así sus personajes ciertamente se apellidan “Salami” “Raviolli”. Al respecto acotaría Carmen Galindo “escenas familiares si pensamos que viajó 23 veces a Europa” Aunque Mario en su libro posteriormente escrito difiere diciendo que ¡fueron más de 30 veces! Y no hay que olvidar que Mario viajó en muchas ocasiones con don Rafael como lo comenta él mismo… así Nueva York, Paris, Ámsterdam y Viena entre otros lugares se convirtieron en lugares donde recibió las más altas lecciones culturales.
Mario contextualiza el significado de la obra de don Rafael , nos dice: después vino la novela, que en su caso dominó la década siguiente de los cincuenta. La primera de ellas El sol de octubre ha sido considerada indispensable en lo que a la narración citadina mexicana respecta, y junto con Casi el paraíso de Luis Spota y La región más transparente de Carlos Fuentes marcó toda una época de nuestra novela urbana.
Presencia del Solana novelista se reafirmó con La casa de la Santísima (Oasis, México,1960), sin duda la obra maestra de este ecléctico polígrafo dentro del género”.

Saavedra García va más allá, nos habla recordando en esta novela el amor místico de George Bataille y cita a don Rafael:
“…entonces, padre, en el otoño, no ya en abril, ni en junio, sino en el octubre de mi vida, despertó mi alma de su letargo, se encendió mi alma tibia y conocí  las delicias breves y las torturas largas de un amor intenso, prohibido, penoso, que me hizo revivir, que volvió atrás violentamente las manecillas del reloj de mi vida, pareció darme una nueva juventud, y precipitó mi muerte…”

Mario reflexiona, enumera y nos presenta otras novelas como La casa de la Santísima,  El Palacio Moderna, o Real de catorce: “En esta hermosa composición –escribe Mario- a manera de travelling cinematográfico, conforme su escritor conoció de igual modo ese otro lenguaje para el cual también aportó algunos guiones con la sutil eficacia propia del escritor e intelectual de mundo, constituye una magnífica pintura poética de la fisonomía de ese antiguo y ahora  fantasmal –otrora,  prodigio de prosperidad y encanto- poblado colonial minero de San Luis Potosí. La pluma maestra del escritor consigue mostrarnos una población ahora habitada sólo por alimañas y escombros, que tiene la particularidad adicional de no poseer personajes humanos”
Entre todas sus obras como prodigioso dramaturgo, destaca Debiera de Haber Obispas, “motivo de múltiples traducciones y puestas en México y otros países, (en Polonia, la entonces todavía Alemania Oriental, Estados Unidos, España y Argentina por ejemplo) y protagonizada por las primeras actrices nacionales y extranjeras…”  estuvo entre los triunfos más notables de figuras como María Tereza Montoya, Anita Blanch, Isabela Corona, Gloria Marín, Virginia Manzano, María Teresa Rivas, Blanca Torres, Ofelia Guilmain,, y más recientemente Silvia Pinal, entre muchas otras, y en la década de los 70 fue llevada al cine por Arturo Ripstein, en una polémica versión fílmica (La viuda negra), encabezada  -comenta Mario, por uno de los íconos sexuales de esos años, Isela Vega.
“Fue sobretodo un comediógrafo de inusitados vuelos”  y Saavedra nos recuerda algunas de sus obras del maestro como Ensalada de Nochebuena, Pudo haber sucedido en Verona, Estrella que se apaga, El arca de Noé, Una vejez tranquila, Carnes frías, La pesca milagrosa y entre otras Son pláticas de familia.
Bien dice Mario que debido a la  importancia de don Rafael en el teatro fungió por muchos años como Secretario General de la Unión Nacional de Autores, y más tarde la Federación Teatral que reúne a todas las agrupaciones del medio, que también estuvo en la SOGEM (como vicepresidente) y que dos espacios en la capital llevan su nombre, el primero del IMSS, y el segundo promovido por su gentil sobrina Pilar Colín Solana, en el Centro Cultural Veracruzano, ubicado en el DF sobre Miguel Angel de Quevedo y no hay que olvidar la AMCT (Asociación Mexicana de Críticos de Teatro) donde por muchos años fue presidente.
En su paso como periodista por más de 50 años e “ininterrumpidamente” don Rafael obtuvo los más diversos premios dos de ellos de manos de los presidentes Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari.
Su amor por el cine fue compartido desde el inicio de su amistad por Mario Saavedra, resulta que don Rafael vio Crónica Roja, donde actuó Mario en el papel protagónico y por el que le dieron el premio de Opera prima. Su relación con el cine llevó a don Rafael a ser “invitado especial de los más reconocidos e importantes festivales cinematográficos internacionales…”
De ahí Mario pasa al ensayo literario y sobre sus otros “varios y bellos apuntes impresionistas” sobre asuntos de cocina, de viajes, de pintura y de tantos otros aspectos que llenaron la vida plena y enriquecedora del Rafael Solana escritor y ser humano del artista y el hombre, del individuo generoso y del sibarita empedernido”.

La travesía de Mario, a  partir de su libro Rafael Solana: Escribir o morir, trasciende, en un gesto de creatividad,  aproximación nostálgica al maestro, amigo y colega, su libro es también un acercamiento eficaz y fructífero al escritor. Libro  que demuestra como la presencia de Rafael Solana es clave para las letras mexicanas, con conocimiento de causa, con conocimiento de su alma.

 
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